No preguntes qué edad tiene ni bajo qué consulado nació (atribución esa que corresponde al severo censor), sobre todo si ya no está en la flor de la vida, si ha pasado su mejor edad y se arranca ya las canas. Esta edad, ¡oh jóvenes!, tiene sus ventajas, e incluso un poco más avanzada.Ese campo dará buena cosecha: ése es, por tanto, el campo que habrá que sembrar. Mientras el vigor y la edad lo permiten, soportad las fatigas: pronto vendrá la encorvada vejez con paso silencioso. O hendid el mar con los remos, o la tierra con el arado, o poned vuestras manos guerreras en las armas fieras. O bien dedicad a las mujeres vuestros riñones, vuestro vigor y energía: también esto es una milicia, también esto procura riquezas. Añade que ellas tienen mayor pericia en la acción y poseen lo único que engendra artistas, la experiencia. Ellas arreglan con refinamiento los desperfectos de los años y consiguen con sus cuidados no parecer viejas; a tu gusto hacen el amor en mil posturas: ninguna pintura enseña más modalidades. Con ellas se experimenta el placer, sin previa provocación. El placer disfrútenlo por igual la mujer y el hombre. Odio las uniones que no satisfacen a ambos: por eso es por lo que me atrae menos el amor de un efebo; odio a la que se entrega porque es necesario entregarse, y, seca, piensa para sus adentros en la lana que ha de trabajar. El placer que se da por obligación no me es grato: que ninguna mujer se sienta obligada conmigo. Me gusta oír sus palabras confesándome sus goces, y que me pida que vaya más despacio y que me aguante; vea yo los ojos desmayados de mi amada fuera de sí; que desfallezca y no me deje seguir tocándola por más tiempo. Estos bienes no los concedió natura a la primera juventud, sino que suelen venir inmediatamente después de los siete lustros. Que beban mostos recientes los que tengan prisa; a mí que un cántaro embodegado en época de antiguos cónsules me escancie su vino añejo. No puede el plátano, si no es ya crecido, ser un obstáculo para Febo y los prados, cuando empiezan a brotar, pinchan los pies descalzos. ¿Acaso se podría poner a Hermíone por delante de Helena?. ¿Y era Gorge preferible a su madre?. En fin, si quieres alcanzar una Venus entrada en años, quienquiera que seas, con sólo perseverar conseguirás la justa recompensa.

Ovidio (43 a.C.-c. 17 d.C.)