La vida para una niña en Marigliano no era un camino de rosas. El pueblo era pobre y el clan hacía que todo fuera muy complicado. Se exigía su aprobación para casi todo. Abrir una tienda, comprar un arado, ir de viaje,... El control era absoluto. Y el centro de ese control era el Signore Podesta. Era el enlace que la familia había enviado para controlarlo todo. Gian Luca Podesta rondaba la mediana edad. De tez morena, obeso, con una gran cicatriz en el cuello que intentaba disimular con un colgante de la Madonna di Loreto, gorra bien ceñida, asustaba solo con su aspecto. Nada mas llegar al pueblo se instaló en el caserón de los Cabassi que tuvieron que irse a vivir a casa de unos parientes en Casoria.
Su presencia en el pueblo se hizo notar de seguida. él y sus hombres no pasaban desapercibidos. A Marciale Zanardi se le vió discutir con Podesta y poco tiempo pasó hasta que lo encontraron ahogado en la acequia que había camino de la Fontana de l'Angelo. El suicidio de su hermano Giancarlo se produjo al día siguiente. Según Tia Marella no pudo superar la muerte de su hermano, aunque todos sabíamos de la fortaleza de los Zanardi.
El padre Paolo recibió la visita de uno de los ayudantes de Podesta y desde entonces solo hablaba en sus sermones de acoger con los brazos abiertos a cualquier extraño que se presente en nuestra vidas y a ser fiel a la familia, aunque esto último,por supuesto, iba con segundas.
Poco a poco Marigliano se conviertió en el feudo de los Abbondanza y Gian Luca Podesta en nuestro señor feudal.
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Giuliana Stergakos:
El espejo del cuarto de baño se resistía a reflejar la imagen que necesitaba Giuliana. "Esto va a ser imposible". En el suelo un montón de ropa despreciada, revuelta, casi pateada por la impotencia de no encontrar una combinación que la hiciese parecer especial. Un escudo donde esconder esa odiosa primera impresión, la misma que provocas en alguien cuando hace demasiado que no lo ves.
45 minutos más tarde y con la certeza de que se había equivocado, bajaba a la calle con una camisa blanca de corte masculino sutilmente transparente para que entre los pliegues se adivinara el encaje de un sujetador beige, escote balcón. Un vaquero ceñido a la cintura por un amplio cinturón marrón a juego con los zapatos de puntera fina y su eterna cabellera cobriza, hicieron el resto. "Suelto, Sybille lo prefería suelto...de pequeñas, cuando salíamos del colegio corriendo como ardillas para dar esquinazo al bonachón de Filippo, nos encerrábamos en su casa para peinarnos. Sybille con su singular aire aristocrático solía insistir en la importancia de elegir un buen peinado para el día de nuestra boda.¡Era tan excesiva!, a mi me parecía exagerada, pero sucumbía a sus deseos consciente de que mi opinión no valía para nada, y menos para contradecirla.Mis cabellos fueron nuestro especial y enfermizo vínculo de adolescencia."
La carretera de Como a Laglio le pareció interminable. Estrecha, cargada de un desorganizado tránsito, con esas incomprensibles casas a pie de asfalto donde sus propietarios cual camicaces, arriesgaban sus vidas cada vez que salían a por pan. Sin embargo su exuberante vegetación y la majestuosidad del lago compensaban cualquier indicio de ataque de nervios. Por fin aparcó el Smart rojo que había alquilado en el aeropuerto. Laglio mucho más pequeño desde que una mega estrella made in Hollywood decidió junto a su séquito instalarse en una de sus exquisitas villas,la recibía con el repicar de campanas anuncio de la inminente misa de doce.
Menos de trescientos metros la separaban de Sybille.Después de casi una década obligándose a olvidarla, el destino la empujaba otra vez a su lado. LLamó a la puerta. Una impresionante verja de hierro se abrió de par en par. Nadie salió a recibirla, tan sólo los tapices de petunias, berbenas, portulacas y hortensias se esmeraban en dulcificarle el momento. Cruzó el camino hacia el porche de la entrada principal intimidada, pero con el paso firme de una Stergakos.
"Aquí me tienes Sybille."
...creo que voy a desentumecer mis dedos interpretando al piano un fragmento de Rhapsody in Blue, de Gershwin...
(a ver si pillas dónde está la exageración...por cierto, cómprate un foulard para el cuello, no te de un aire con el ferrari...)
Bon cap de setmana!
Sonó la campanilla y el corazón de Sybille por un momento dejó de latir. Empujó rápidamente la silla de ruedas como si en ello le fuese la vida. Le había dado la tarde libre al servicio, cosa insólita en su estado, previendo la inminente llegada de Giuliana.
Abrió la puerta y el Sol, que ya caía hacia el horizonte, le cegó la visión de su amada que surgió detrás del resplandor cual fantasmagórica figura.
Al traspasar el umbral , Giuliana apareció ante ella más bella si cabe que nunca la había llegado a recordar. El paso del tiempo no hacía mella en ella y su melena, radiante, seguía iluminando su bello rostro que trataba de guardar la compostura, cosa difícil en aquel trance. Giulana no pudo soportarlo y se derrumbó. De rodillas ante Sybille, puso la cabeza en sus rodillas mientras entre sollozos no paraba de decir. Perdóname,perdóname, perdóname.
Sybille en un primer momento intentó contener la emoción cosa que le fue inmposible.Tragando saliva exclamó:
- Mi niña, mi amor, cuánto timepo llevo esperando este momento. Cuantas veces he imaginado que entrabas por esa puerta y por fin se consumaba nuestro reencuentro. Levántate mi amor.
Giuliana, incorporándose un poco, intentaba hacerlo también anímicamente. Una vez de pie, sea agachó para coger con su mano derecha el mentón de Sybille y suavemente besarla en la boca intentádo concentrar el amor que había acumulado en estos años en ese solo beso.
Sybille la sento en sus rodillas y con una fuerza que no sabía de donde la sacaba recorrió el tramo que iba de la entrada al saloncito de té cercano a la entrada.
Una vez allí asió su cabeza con sus dos manos y la besó apasionadamente, mientras Giuliana se incorporaba y la cogía en brazos cual pareja de novios a la entrada de su nueva morada.La llevó en volandas hasta el enorme sofá de cuero en el centro de la habitación y la recostó en él mientras, sin pausa, se iba quitando su camisa blanca, desabrochando botón a botón. Sybille , ataviada con una blusa negra con tirante a un solo lado lo tuvo más fácil. El tirante había cedido en el trayecto y solo tuvo que acabar de bajar la blusa hasta la cintura. Ante Giuliana apareció el busto de Sybille. Inmaculado , tal y como lo recordaba desde su último encuentro. Cual Dorian Grey Sybille mantenía su cuerpo en un perfecto estado.
( aquí viene una escena erótica, pero te dejo decidir, la escribes tu o yo?)
Ala exagerada!!!!
Desentumecer los dedos, eso se hace con los músculos ;o))
Por cierto, yo antes de tocar mi particular versión del Breathless de The Corrs me los crujo (y aquí no exagero en nada).
Por cierto, deberiamos limitar la paralisis a una sola pierna (tipo House) y así daría más juego el personaje de Sybille (aun no hemos escrito nada al respecto).
Lo digo porque estando paraplejica me da a mi que mucho placer no iba a sentir.
...lo siento, me desmayé...en cuanto recobre el habla y la voluntad sobre mis manos, haré lo que pueda con Sybille y Giuliana...necesito el fin de semana...eres condenadamente bueno!, prepara algo por si me da un síncope, ja,ja,ja!!!!!!
Tu misma, coge al toro por los cuernos y al ataquerr!!!
Por cierto, ya he escrito el cap VIII. Asi que tu dirás a que ritmo los voy publicando.
:o)
...
Giuliana palideció,"tendrás que ayudarme"...temblorosa,con los ojos ahogados en lágrimas se rindió ante la mirada de Sybille buscando refugio en sus brazos...
- ¿Qué te ocurre mi vida?-le preguntó ésta, meciéndola dulcemente sobre su pecho.
Giuliana dudó unos instantes -Durante años he castigado mi cuerpo privándole de sensaciones, obligándole a vivir de tu recuerdo...y ahora que al fin estoy a tu lado...tengo miedo...por que el deseo me paraliza el alma...tengo miedo Sybille...por que mi piel arde tan solo con el roce de tu piel...me estremece tu aliento en mi cuello...me seducen tus dedos entre mi pelo...y mis labios...se humedecen con ansias de besarte ,morderte ,lamerte... he vivido para amarte,con la esperanza de este reencuentro...Sybille...me desgarra la pasión,la rabia,el anhelo...quiero amarte ahora...y...me da miedo no saber hacerlo...
Mejor que tome las riendas Sybille...
Las palabras de Giuliana no hicieron más que enardecer la pasión que Sybille sentía por ella. Olvidándose de su paralizada pierna, Sybille tomó el control de la situación apasionadamente. Su cuerpo se entrelazó con el de Giuliana como la boa constrictor atenaza a su presa antes de deglutirla. Sus labios hacían extremecer a Giulana cada vez que se acercaban a su cuello. Un simple susurro, una mirada directa, disparaban las pulsaciones de Giuliana que, ahora sí, parecía empezar a cambiar su sufrimiento por placer. Como una espiral, la excitación iba in crescendo, solo mantenida por el control absoluto que Sybille tenía de la situación. Sus dedos hábiles parecían manejar el mando del placer de Giuliana. Sus sensaciones aumentaban o decrecían a voluntad de una Sybille que había perfeccionado sus artes amatorias con el paso de los años. Ya lo decía Ovidio "...ellas tienen mayor pericia en la acción y poseen lo único que engendra artistas, la experiencia. Ellas arreglan con refinamiento los desperfectos de los años y consiguen con sus cuidados no parecer viejas; a tu gusto hacen el amor en mil posturas: ninguna pintura enseña más modalidades. Con ellas se experimenta el placer, sin previa provocación..."
No se escribieron palabras más acertadas para describir la habilidad de Sybille en aquellos trances.
Tras unos minutos que le supieron a horas, Giuliana estalló con un gemido de placer que hacía mucho, quizás nunca antes, había logrado alcanzar.
Sybille se dio por satisfecha. Con Giuliana acurrucada entre sus piernas, deseó por un momento que el mundo se detuviera para poder disfrutar por completo de ese instante único en sus vidas.
Y la noche cayó en el lago.Dentro, en el salón,como un gran manto plateado,la luna,celosa,difuminaba sus cuerpos rendidos,recién amados.Giuliana feliz, observaba complacida el sueño de Sybille.Muy cerca de ella para a hurtadillas oler su piel,para perfilar con la yema de los dedos sus cejas,su nariz,su boca.Acariciaba su cadera y de repente se extremeció reviviendo lo sucedido unos minutos antes. No quería despertarla, así que exultante, con la ligereza de una niña, se levantó del sofá. Andaba desnuda por la habitación buscando su camisa perdida en algún punto de aquel apasionado reencuentro, cuando un susurro gélido a sus espaldas de una voz fatalmente conocida, le borró de un plumazo la sonrisa de sus labios.
-Vaya,vaya,vaya...-en la puerta aguardaba un hombre.
-¿Qué haces aquí?- Giuliana no quería creerlo. El destino es cruelmente caprichoso. Te revuelve las entrañas ,te arrastra de un lado para otro, sin control, sin mesura.De la felicidad a la tragedia, de la esperanza a la angustia,del amor al odio.
- ¿Estas buscando esto?-Luca se acercó a ella -¿Puedo?- Cogió la camisa del suelo y le ayudó parsimoniosamente a ponérsela. Mirándola impertinente, casi traspasándola.
-Salgamos por favor...- Giuliana reencarnada en una feroz leona guareciendo a sus cachorros, le cogió del brazo y le sacó al jardín.- ¿Cómo has entrado, Luca ,contéstame, por qué estás aquí?
Él había encendido un cigarrillo. Dió un par de caladas muy largas,jugaba haciendo aros con el humo para ganar tiempo,regocijándose en lo que estaba a punto de decir,saboreando el aguijón envenenado que estaba a punto de clavarle en el corazón-Vivo aquí querida...¿acaso tu amante se olvidó de mencionarlo?...
chan chan!!!
Buff, que giro más inesperado. :o))