Seti, una noche, no esperó más. Mandó llamar a Anksunamun a sus aposentos y la poseyó con pasión, con furia, casi brutalmente. Ella no le decepcionó. El atractivo que exhalaba Seti a pesar de su edad le hacía irresistible. Su mirada petrea , casi irreal fascinaba a Jocabed. Su dilatada experiencia (su harem era innumerable) hacía que ninguna mujer quedara insatisfecha debido a su afán de perfección para cada cosa que emprendía. Anksunamun no sería diferente. Al día siguiente,como si de una droga se tratará , la esclava buscó a su amo para complacerle y complacerse. Estas prácticas se dilataron durante semanas hasta que un día Ank como la llamaba el faraón lo confesó. - Espero un hijo tuyo. Seti la miró con sorpresa. Su mente fría y calculadora ya tenía un plan maestro. - Mi hija es esteril. Te alejaré de palacio hasta que tengas al niño y ella lo criará. Desde ese día todos preguntaron donde estaba Anksunamun, pero nadie obtuvo respuesta.