La Signorina Lavinia Lambara Costa, Condesa de Ficallo no era una persona cualquiera. Nacida noble, había sido educada en la Residencia Wissen de Laussane donde pasó la practica totalidad de su vida hasta la adolescencia. De modales más que refinados había viajado por medio mundo mejorando su inglés, francés, alemán y árabe. Huérfana desde los quince, Lavinia había heredado una de las fortunas más grandes de la nobleza italiana. Su viaje se debía a su particular fascinación por los musicales. Broadway era una obsesión para ella. Viajaba tan a menudo como podían permitirselo sus obligaciones sociales. Enamorada de la ciudad , su ritmo y su cultura, Lavinia era una apasionada por el baile, de tal manera que había llegado a producir una pequeña obra que, aunque pasó sin mucho exito, la hizó vibrar asistiendo a cada uno de los ensayos.

Sybille quedó como hipnotizada ante aquella brusca aparición que casi le hace perder el equilibrio. Los ojos verdes de Lavinia no parpadearon ni una sola vez cautivados por la belleza de la linda muchacha con la que había tropezado.
- Scusi!!! - logró balbucear Sybille a duras penas -
- Prego!!! . No nos hemos visto antes?
- No lo creo. - respondió más firmemente.
- Viajas sola?
- Si.

Se hizo un pequeño silencio en que la mirada fija una en la otra parecía no poder apartarse.
- Te gustaría acompañarme durante el viaje?
Sybille se quedó atónita. A la mente le vinieron los carritos de refrescos y aperitivos que había visto en la cubierta de primera y por un instante, fantaseo cautivada por el ofrecimiento.
- Como no señora.
- Lavinia, mi nombre es Lavinia. Y si alguien te pregunta o molesta di que eres mi prima.... Como te llamas?
- Sybille, me llamo Sybille.